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Los hechos de nuestra historia más inmediata han sido raramente plasmados en piezas teatrales por los dramaturgos locales. Más bien han recurrido a metáforas que, a pesar de su inequívoca referencia, omitían los nombres y apellidos de los protagonistas, circunscribiendo el enfoque teatral a los personajes "de abajo". Pedestales de Arena habla de los que detentan el poder.
La obra se refiere a la existencia del Ateneo Cultural Eva Perón y es mi propósito reflexionar sobre el abuso de la autoridad, la intolerancia, la discriminación.
El hecho puntual de que la acción se desarrolle entre l950 y 1954 no quita que mi posición sea contra todas las listas negras. A lo largo de nuestra historia innumerables artistas e intelectuales sufrieron persecuciones, basta citar: las de la revolución libertadora, las de los gobiernos de facto, las de los teatros y medios de difusión oficiales... Pedestales de Arena es incluso una mirada piadosa sobre aquellos que no supieron hacer buen uso del poder.
La investigación histórica de esta pieza me llevó tres años de arduos estudios, consultas y entrevistas. La bibliografía de referencia abarca cerca de 60 títulos. Debo recordar que a raíz de mi actividad periodística, a comienzos de la década del 70, pude tratar a dos de las protagonistas de Pedestales de Arena: A Fanny Navarro en la última parte de su vida y a Malisa Zini, aunque en mucho menor grado y profundidad. Todos los hechos y datos que mencionan tienen carácter de históricos aunque algunos de ellos han sido teatralizados de acuerdo a la estructura de la pieza.
ANTECEDENTES. La intolerancia hacia artistas y creadores ha existido a lo largo de la historia de la humanidad. En el siglo XX, no solo en nuestro país, sino en el mundo entero, los nombres de muchos notables han integrado nefastas listas negras. El cine, el teatro y la literatura se han hecho eco de diferentes episodios de discriminación:
El Testaferro (The Front) Woody Allen interpreta a un escritor víctima de la tristemente célebre caza de brujas del senador Mc Carthy.
Cae el telón (The Cradle will rock) de Tim Robbins se remite al período de la depresión americana en el ámbito del ambicioso y censurado Federal Theatre Project.
El último metro (Le dernier Metro) de François Truffaut relata los avatares de una compañía teatral parisina durante el régimen de ocupación.
¡Ay Carmela! de Saura refleja un sanguinario episodio del franquismo...
Estos ejemplos y otros hablan de una saludable actitud de artistas contemporáneos que, sin miedos ni autocensura, reflexionan sobre el pasado con el único objetivo de que los males de la historia no se repitan.
Kado Kostzer
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