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DIJO LA PRENSA
Excelente Elena Tasisto en “Isabel sin corona”
Es justamente un deliberado tono menor lo que la torna creíble y suscita la ternura, la complicidad y la compasión del espectador… En esta obra el director trabaja a fondo con la excelente Elena Tasisto para realzar de una manera fantástica los conflictos de este texto sencillo pero honesto en lo patético de su mensaje. Cuida y seduce a su actriz con el mismo amor con el que Isabel pretende coronar a su hijo, solo que a diferencia de la ficción, Kostzer logra su objetivo en un impresionante ruedo… Fabulosa. Elogioso también es el vestuario y ambientación de Sergio García-Ramírez.
Roberto López, julio de 1999
Muy buena
Kostzer se encarga de que su texto se enfrente a una problemática aguda de un modo chispeante y divertido… El absurdo que resulta de la idolatría llevada a su última potencia hace que el público ría de la mano de Tasisto. Del mismo modo en que los grandes humoristas conciben su texto, el autor y director de esta propuesta consigue que mientras el drama se teje sobre el escenario, el espectador disfrute… El espectáculo cuenta con una escenografía interesante que trabaja con el concepto de un recorte fácilmente insertable en una totalidad –metafóricamente- nuestra sociedad…Una actuación deslumbrante de Elena Tasisto.
Federico Irazábal, El Cronista, 13 de julio de 1999
Historia conmovedora y por momentos muy divertida
Como siempre, en todas sus piezas Kado Kostzer matiza el discurso de sus personajes, engañados o ilusionados con una ironía sutil; ellos no saben que son víctimas de la ironía, trágica a veces, pero siempre compasiva, no destructiva… ¡Vengan a ver esta pieza!
Estela Cédola, El Día, La Plata, 14 de junio de 1999
Trabajo de imaginación
La creación del entorno de este personaje es muy rico, tanto en detalles de la época como en los seres ausentes que lo transitan, lo cual promueve un trabajo de imaginación para el espectador sumamente interactivo. La propuesta preanuncia momentos de contrastes, para los cuales Elena Tasisto abunda en su exquisita maestría actoral haciendo trascendentes cada palabra y cada movimiento.
Luis León ,NX, julio de 1999
Retrato satírico pero teñido de compasión
Con una marcada predilección por los personajes femeninos como protagonistas de sus obras y por la infiltración de la locura en la vida cotidiana, Kostzer traza en esta fábula, un retrato satírico pero teñido de compasión, de esa mujer de barrio, con pajaritos (que anidaron en las revistas del corazón) en la cabeza, que opta por darle relieve a su opaca existencia, inventando y alimentando una fantasía que devendrá tragedia en la realidad… En otra de sus milagrosas actuaciones, Elena Tasisto recorre con multiplicidad de recursos instancias de la vida semi soñada de esta otra Isabel a través de tres décadas.
Moira Soto, Página 12, 25 de junio de 1999
Rigor expresivo
La atmósfera amarga y tierna, la parca escenografía y el rigor expresivo de Elena Tasisto hipnotizan y conmueven.
A. R., Veintiuno, julio de 1999
Exquisita maestría
Toda la composición actoral de Elena Tasisto está elaborada con una exquisita maestría.
Susana Freire, La Nación, 18 de junio de 1999
Una simple y adorable, pero en definitiva, áspera obra
Cuando los nuevos dramaturgos parecen decididos a mostrarle a su intrépido público un bagaje de confusas situaciones y conflictos, Kostzer opta por una manera despojada de contarnos una historia, lo que se convierte en un saludable bálsamo.
Marcos Montes, Buenos Aires Herald, 13 de junio de 1999
Acertados hallazgos
Elena Tasisto hace una composición refinadísima y absolutamente creíble ayudada por la dirección del autor que parece respirar con los sentimientos de la actriz… Los pequeños detalles cotidianos que definen el carácter del personaje son acertados hallazgos.
Nina Cortese, Ámbito Financiero, 3 de Julio de 1999
Lograda y vigente
Esta lograda y vigente obra de Kado Kostzer nos habla del cholulismo endémico que, en mayor o menor medida, padecemos los argentinos (por no decir, los habitantes de todo el planeta)… La puesta en escena y dirección de Kostzer también eligen la falta de estridencia, el toque cotidiano, el apunte costumbrista, para retratar una realidad fácilmente reconocible. Cuenta para ello con la muy lograda escenografía de García-Ramírez que recrea con rigurosa fidelidad un modesto departamento de los ’50. El escenógrafo es responsable así mismo de la copiosa y muy pintoresca muestra El Mundo de Isabel.
Irene Bianchi, El Día, La Plata, 16 de junio de 2000
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